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“¡Venid pronto, estoy bebiendo las estrellas!”
Esta famosa frase se atribuye al monje benedictino Pierre Pérignon cuando en 1693 probaba por primera vez una bebida que con el tiempo (más de 400 años, que no es poco) llegaría a ser uno de los vinos más deseados y universales de todo el mundo.

Cuando hablamos de Champagne pocas personas desconocen su existencia, sin embargo, cuando mencionamos el Champagne rosado la reacción de la gente suele cambiar bastante y se muestran más “prudentes” o incluso reacia a seguir manteniendo ese deseo. Sin embargo, poca gente sabe que aquel primer espumoso que sorprendería al monje Pérignon debía tener un cierta tonalidad rosácea.

Lo que mucha gente desconoce es que esa bebida que sorprendió tanto a al monje Pierre Pérignon tuvo una versión “pobre” que resultaba de los constantes accidentes que resultaban de la producción del Champagne al usar variedades tintas (Pinot Noir y Pinor Meunier). Pretendiendo elaborar un Champagne con su típico color amarillo pálido, el mosto quedaba en ocasiones demasiado tiempo en contacto con sus pieles y el vino quedaba coloreado en exceso. Este vino era normalmente desechado, pero a mediados del siglo XIX éste empezó a ser ofrecido en locales mediocres de escasa luminosidad dónde el color no era perceptible por parte de los clientes.

Champagne Rosé

Sin embargo, a principios del siglo XX el Champagne rosado consiguió ser considerado un vino espumoso de calidad al mismo nivel que su hermano blanco y que con el tiempo ha conseguido un mercado fiel que no para de crecer constantemente.

Con este objetivo, el pasado 4 de octubre tuvo lugar una comida para los medios de comunicación, organizada por el Comité Champagne, con su Director de Comunicación, Thibaut Le Mailloux, y Núria Gené, Directora del Bureau du Champagne España, en el restaurante Moments del Hotel Mandarin de Barcelona.

El Champagne rosado es uno de los crecientes protagonistas de los maridajes de alta gastronomía en todo el mundo e incluso en España. Puede acompañar todo tipo de platos de inicio al final de una comida, siempre que se sepa elegir su calidad y método de elaboración, que puede ser por ensamblaje de vino blanco con vino tinto de la región de Champagne, por sangrado o por maceración.

El Champagne rosado significa un 10% de todo el Champagne que se exporta cada año (306 millones de botellas en 2016) pero en España en los últimos 10 años ha pasado de un 1% a un casi 11%, siendo el 6º mercado exterior para este tipo de Champagne. Un crecimiento que ha mostrado la gran aceptación por parte del consumidor que ya se considera que ha llegado a una madurez en sus gustos con los vinos espumosos.

Y seguimos con más información en próximos posts 😉

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