Una dulce tarde de octubre

En toda cata de vinos no hay nada más excitante que descubrir nuevos productos que nos transmitan nuevas sensaciones a través de sus aromas, texturas, sabores,… Estos nuevos descubrimientos son verdaderamente apasionantes y nos deleitan de momentos inolvidables.

La Vinacoteca organizaba durante la tarde del 28 de octubre una presentación de vinos dulces con la presencia de interesantes bodegas (la mayoría del sur de España). La ocasión no podía ser menos oportuna, justo en estos momentos estoy en medio del Desafío VII de Verema donde hay una importante presencia de vinos dulces. Espero que alguno de estos vinos de la tarde podrá darme algunas pistas. La tarde se presenta emocionante y, sobretodo, bien dulce.

Nada mejor que empezar con un Pansal del Calàs 2005 de Capçanes para calentar el paladar. Este resulta agradable y menos intenso y más suave que el del 2004 pero idóneo para acompañar los panellets que están ya llegando a las pastelerías.La única bodega no española presente es Château Dereszla (Tokaj-Hegyalja, Hungría) que presenta su Château Dereszla Furmint Cosecha Tardía 2003 bien sabroso con aromas de fruta blanca sobremadurada y ligeros ahumados. Le sigue su clásico Château Dereszla Tokaji-Aszú 3 Puttonyos 2005 bien estructurado, complejo y de aromas que hubiera acompañado perfectamente un queso azul, pero eso será para otra ocasión. Finalmente, su Château Dereszla Muskotály Cosecha Tardía Reserva 2003 con un perfecto equilibrio y agradable frescor que hace honor a la calidad de los dulces de esta bodega.

La bodega La Bota de… surge del Equipo Navazos que selecciona botas de vino de determinadas bodegas con una particular complejidad y finura. En este caso tenemos ocasión de degustar La Bota de Pedro Ximénez de Jerez Número 11 de la bodega Marqués del Real Tesoro (Jerez de la Frontera) que destaca por un color yodado precioso, excelente finura encontrada en botas de solera con más de 18 años de envejecimiento. Potencia y excelencia. Seguimos con La Bota de Pedro Ximénez de Montilla-Moriles Número 12 de la bodega Pérez Barquero (Montilla) que permite comparar la gran calidad de este PX montillano con el jerezano. Este PX montillano de destacada frescura, dulzura y delicioso muestra su elegancia y distinción. Tras estos dos excelentes PX uno podría decir que la tarde se ha acabado y la cata ha cumplido con creces las expectativas creadas, pero aún quedan tesoros por descubrir.

Otra de las bodegas presentes es Bodegas Tradición que trae su Tradición Pedro Ximénez con la calificación V.O.S. que distingue los vinos con más de 20 años de vejez. Simplemente sublime, deleita el paladar con sus notas de chocolate negro, caramelo y finos tostados elegantes. Seguimos con su Tradición Oloroso con la calificación V.O.R.S. que define vinos con más de 30 años de vejez; destacan sus finas notas salinas, ligeros toques rancios resultantes de su crianza y excelente aromas nobles que no dejan indiferente a nadie y muestra la gran calidad de los productos de esta bodega.

La quinta bodega de la tarde es Bodegas Lustau que presenta la mayor parte de su amplia gama de vinos dulces. Empezamos con su Lustau Moscatel Superior Emilín Solera Reserva con finas notas amieladas y notas de piel de naranja que se muestra intenso y agradable. Cabe destacar la presencia de un moscatel elaborado exclusivamente para Vila Viniteca: Lustau Single Cask Moscatel que nos seduce con sus finas notas tostadas y matices de frutos secos bien conjugados con las clásicas notas pasificadas de la moscatel. La variedad Pedro Ximénez viene representada por tres excelentes botellas: Lustau Pedro Ximénez San Emilio Solera Reserva con recuerdos de caramelo y frutos secos; Lustau Single Cask Pedro Ximénez (exlusivo para Vila Viniteca) más equilibrado y fino que el anterior; y, finalmente, el Lustau Selección Centenario Pedro Ximénez Murillo que reúne la esencia del Pedro Ximénez con finas notas florales y elegantes matices de tostados y chocolate negro. Finalizamos con un excepcional Lustau Tintilla de Rota que me deja sin palabras. No sé describirlo. No tengo palabras para definir esta delicia que tengo entre mis manos y no creo estar a la altura para juzgarlo debidamente. Supongo que unas lágrimas de emoción que resultarían de catar este vino dulce podrían ser suficientes para explicar lo que uno siente al disfrutarlo.

Ya no queda tiempo para catar algún vino pendiente, la cata finaliza por cierre del local. Sin embargo, uno sale habiendo descubierto lo sublime que suele llegar a ser un vino dulce así como su excepcional calidad. Ya tengo un motivo más para volver al sur de España, ¿quién se anima? 😉